VERO Cells: La Base de la Investigación Viral y Producción de Vacunas

VERO Cells: La Base de la Investigación Viral y Producción de Vacunas

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Pocas herramientas han resistido el paso del tiempo en la biología celular con la solidez de las células VERO. Desde laboratorios universitarios hasta plantas de fabricación de vacunas a escala industrial, esta línea celular lleva más de seis décadas siendo el sustrato preferido de virólogos, inmunólogos y biotecnólogos en todo el mundo. Su historia es una de esas historias científicas que merecen contarse bien.

Origen: una mañana de marzo de 1962 en Chiba

La línea celular VERO fue establecida el 27 de marzo de 1962 por Yasuhiko Yasumura y Yaeko Kawakita en la Universidad de Chiba, Japón, a partir del tejido epitelial renal de un mono verde africano adulto y sano (Chlorocebus sabaeus). El nombre no es arbitrario: proviene del esperanto verda reno, que significa «riñón verde», una referencia directa tanto al origen de la célula como al color del animal donante.

Dos años después, en 1964, la línea continua llegó a los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos en el pasaje 93, marcando el inicio de su adopción global. Desde entonces, ninguna otra línea celular continua ha acumulado tantos años de uso validado en fabricación de vacunas para uso humano.

Características biológicas que explican su éxito

Las células VERO no son populares por casualidad. Presentan un conjunto de propiedades biológicas que las hacen especialmente adecuadas para la propagación viral:

  • Morfología epitelioide adherente: crecen en monocapa sobre superficies, lo que facilita el seguimiento del efecto citopático y la cosecha del virus.

  • Deficiencia en la respuesta interferón tipo I: una deleción cromosómica homocigótica de aproximadamente 9 Mb en el cromosoma 12 elimina el clúster génico del interferón, lo que elimina uno de los principales mecanismos antivirales innatos y permite que los virus se repliquen con mayor eficiencia.

  • Amplio tropismo viral: precisamente por esa deficiencia en interferón, las VERO son susceptibles a una enorme variedad de virus, bacterias intracelulares y toxinas.

  • Estabilidad a largo plazo: son células bien caracterizadas genómicamente, con un número modal de 58 cromosomas, lo que aporta consistencia entre lotes de producción.

Esta combinación hace que, cuando un laboratorio necesita replicar un virus de forma controlada y reproducible, las VERO sean casi siempre la primera opción sobre la mesa.

El papel central en la producción de vacunas

La Organización Mundial de la Salud (OMS) aprobó las células VERO como sustrato para la fabricación de vacunas de uso humano, y durante un tiempo fueron la única línea celular continua con esa aprobación. Hoy siguen siendo, según la literatura científica revisada por pares, la línea celular continua más utilizada y mejor caracterizada en producción vacunal.

Su historial abarca vacunas contra la poliomielitis, la rabia, la fiebre amarilla y la COVID-19. Esta versatilidad es lo que lleva a investigadores y fabricantes a adquirir y trabajar con VERO Cells tanto en fases de I+D como en escalado industrial. Empresas farmacéuticas globales y centros de investigación pública confían en ellas precisamente porque décadas de datos regulatorios respaldan su perfil de seguridad.

Un estudio publicado en npj Vaccines en 2025 por Bourigault y colaboradores (Sanofi Vaccines y Universidad de Lyon) ilustra bien hacia dónde evoluciona el campo: los investigadores desarrollaron una variante de VERO adaptada a cultivo en suspensión y observaron un incremento del 30 % en la producción de poliovirus respecto a las células adherentes convencionales. Es una señal clara de que la línea VERO no está estancada; sigue siendo objeto de optimización activa.

Aplicaciones más allá de las vacunas

Sería un error reducir las VERO a una herramienta de vacunología. Sus aplicaciones en investigación básica y aplicada son considerablemente más amplias:

Virología fundamental. Son el modelo estándar para estudiar la entrada viral, la replicación y el efecto citopático. La falta de interferón hace que las diferencias en virulencia entre cepas sean más fáciles de detectar y cuantificar.

Vectores virales terapéuticos. Con el auge de las terapias génicas, las VERO se emplean para producir vectores virales recombinantes en procesos de bioprocesado ascendente (upstream bioprocess), tal como documenta la literatura especializada en biotecnología.

Diagnóstico y control de calidad. Se utilizan en ensayos de neutralización, detección de patógenos y pruebas de inocuidad para lotes de productos biológicos.

Toxicología. Su sensibilidad a toxinas bacterianas las convierte en una herramienta útil en microbiología aplicada y en estudios de mecanismos de patogenicidad.

Retos actuales y perspectivas de futuro

A pesar de su robustez, las VERO tienen limitaciones reconocidas. Su fenotipo adherente dificulta el escalado en biorreactores de gran volumen, ya que obliga al uso de microportadores o sistemas de lecho fijo. Los costes de producción asociados a este requerimiento son un incentivo real para el desarrollo de variantes en suspensión, como la mencionada investigación de Sanofi y la Universidad de Lyon.

Paralelamente, la tendencia hacia medios de cultivo completamente definidos y libres de componentes de origen animal gana tracción regulatoria. Varios grupos han demostrado que las VERO pueden adaptarse a condiciones libres de suero sin comprometer su productividad viral, lo cual simplifica los procesos de validación ante agencias como la FDA o la EMA.

La línea celular VERO lleva más de sesenta años siendo un pilar de la biología viral. Para cualquier equipo que trabaje en propagación viral, desarrollo vacunal o producción de vectores, el punto de partida práctico es disponer de células de alta calidad, bien caracterizadas y con trazabilidad documentada. Eso, más que cualquier protocolo sofisticado, es lo que garantiza la reproducibilidad entre experimentos y la solidez de los datos.